viernes, 16 de junio de 2017

EL BAR

Desde mi ventana puedo ver cómo el viento limpia lo que dejó de funcionar, lo que sobra.
Los recuerdos llamaban a mi puerta esperando una contestación pero ¿qué se supone que tenía que hacer? Es Pasado y dolió, no puedo luchar contra él.
Opté por pasar de largo, por centrarme en lo que importaba, pero en el fondo de mi corazón sabía que no iba a hacer como si nada y le pregunté que qué quería de mí.

- Hablar - me respondió
- Hablar ¿de qué? - pregunté indignada

Segundos después hubo silencio. Me estaba empezando a sentir mal por sentirme molesta su llegada pero siempre que venía me hacía daño y no me daba la gana. Al rato contestaba.

- De nosotros.

En ese momento no sabía qué hacer.
No sabía si no abrir la puerta, abrir la puerta y reventarle la cara o ser una persona adulta y solucionar las cosas cara a cara. Así que decidí invitarle a un café y solucionar las cosas de una vez porque esto no podía ser.
Como iba vestida no me importaba salir ya mismo y al cerrar la puerta le dije:

- Pero no te flipes que pagamos a medias - avisé por si confundía términos.
- Tampoco pensaba dejar que pagues tú todo - me respondió molesto por mi comentario.
- ¿Dónde vamos a ir? - me preguntó Pasado pasado pocos segundos después de haber cerrado mi puerta.
- A un bar - respondí.
- Ah, claro - me dijo.

Caminando hacia el bar apenas nos hablamos, imaginé que él estaba preocupado por si metía la pata de nuevo y yo solo quería sentir paz antes de comenzar a solucionar lo que se pueda. El bar estaba cerca de mi casa así que no hacía falta de ningún transporte público para llegar.
Antes de entrar le dije:

- Estas cosas me ponen nerviosa - para que no se preocupara
- Me lo imaginaba - me consoló.

Entrando al bar vimos que no había mucha gente, solo la suficiente para poder hablar tranquilamente y escuchar la música que nos ponían. Nos sentamos en una mesa cualquiera y pregunté a Pasado:

- ¿Qué quieres tomar?
- Una tila -me respondió
- ¿Estás nervioso? - pregunté preocupada
- Un poco - me respondió medio sonriendo al terminar
- No te preocupes yo no voy a hacerte daño - le tranquilicé

Llamé al camarero para que viniera a apuntar lo que queríamos beber.
Mientras esperábamos miré a Pasado y le pregunté:

- Bueno, ¿de qué quieres hablar?
- Un poco de todo - me respondió como si estuviera en una entrevista de trabajo y terminó por decir - lo hago porque quiero que cierres cosas para que no te vuelvan a hacer daño.
- Un poco tarde pero te agradezco el detalle - le dije y seguí - vale, cerremos esto de una vez porque no quiero volver a pasar por lo mismo y quiero que lo sepas por mí antes de que vaya cualquier imbécil y te diga cualquier tontería.
- Lo entiendo - dijo empatizando conmigo

En ese instante llegó el camarero y nos preguntó:

- ¡Hola! ¿Qué queréis parejita?
- Hola, pues él quiere una tila y a mí tráeme un café, por favor - le dije amablemente para no mandarle a la mierda por llamarnos "parejita".
- ¿El café cómo lo quiere? - me preguntó mirándome atentamente
- Con leche  - le respondí
- Ahora mismo lo traigo ¡JOSÉ, UNA TILA Y UN CAFÉ CON LECHE!- terminó gritando el camarero dirigiéndose a la barra.
- ¡OÍDO!- dijo José
- Pero ¿a qué bar me has traído? - me preguntó Pasado acercándose un poco a mí e invadiendo mi intimidad.

Ambos estábamos flipando por el camarero y sus gritos, era gracioso desde una perspectiva distinta pero no era habitual en mi día a día. Así que me lo tomé con humor y le respondí a Pasado:

- Si te digo la verdad, no lo sé -  consolando una mierda a Pasado.
- Bueno, pues si quieres empezamos ya - me dijo Pasado yendo al grano
- Me parece perfecto - le dije

Y empezamos a hablar de todo. Hubo momentos en los que me incomodaba sus temas de conversación porque veía que quería lijar todo lo que tenía dentro pero aguanté como pude todo el temario. Entonces me dijo:

- Si quieres paramos
- ¿Por qué lo dices? - pregunté
- Veo que te incomoda lo que te hablo - le noté preocupado y terminó diciendo - creo que me estoy pasando
- Justo te lo iba a decir - dije vacilante y terminé gruñiendo - te estás pasando
- Lo siento - miró a la mesa en la que estábamos - solo quiero...
- Que no me hagan daño - le corté - lo sé

Los dos miramos a la mesa en silencio durante el tiempo que llegaba el camarero a traer lo que habíamos pedido hasta que nos cortó diciendo:

- Aquí tenéis, parejita
"Como diga otra vez parejita le arranco la cara" - pensé a mis adentros
- Gracias - terminé por decir sonriendo
- Muchas gracias - dijo Pasado
- De nada parejita - nos dijo y se fue a otra mesa
"Este quiere morir hoy" - pensé a mis adentros

Pasado dejó enfriar un poco la tila que había pedido mientras que yo añadía un poco de azúcar a mi café y disolvía. Miraba a la ventana y no me había dado cuenta de que estaba lloviendo, eso me hizo sentir débil. Aparté la mirada y la dirigí a la mesa de nuevo entonces ahí me preguntó:

- ¿Estás bien?
- Sí - contesté sin dejar de mirar la mesa
- Pues parece que no- comentó preocupado por mí
- Y tú qué sabes - respondí borde y seca
- Lo que fuiste - respondió borde y seco

Ambos suspiramos después de esto, no sabíamos qué decirnos, así que hubo silencio.
Aprovechamos para beber lo que habíamos pedido y, sin darnos cuenta, el tiempo voló como volaba mi café y su tila. Entonces ahí seguimos conversando hasta cerrar todo lo que no se había cerrado y aclarar todo lo que no se había aclarado.
Nos pedimos perdón, nos perdonamos, nos abrazamos y cada uno por su lado.
Al llegar a casa no quería saber nada más de Pasado aunque, esta vez, sentía paz después de con él haber estado. Sentimiento que no había experimentado hasta ahora y me molaba tanto. No podía estar más orgullosa de mí por haberme atrevido a salir para arreglarlo y lo celebré por todo lo alto, siendo feliz cada día sin dudarlo.
Sabía que un día volveríamos a vernos.
Sabía que ese día aún no había llegado pero, como nos teníamos apuntados, le escribí un Whatsapp que ponía: "Gracias por todo lo enseñado."