domingo, 14 de agosto de 2016

L de lerda

Huele a café. 
No hay perfume que supere tal aroma.
Ese aquel aroma que despierta cada uno de mis sentidos con delicadeza mientras abro mis ojos poco a poco y mientras que el aroma me anima a despertar. 
Es un despertador automático.
Es una invitación al desayuno elegantemente, no te lo discuto, pero seductor.
Es una adicción no tan difícil de reemplazar como pensaba.

Su sabor tan poco acostumbrado, que no deja indiferente a como lo había imaginado, reluce un reflejo esperanzador energético duradero. A tiempo parcial. 
Algo es algo.

Café, me gusta tu nombre y no me convences de lo que ofreces.